A la UDO sólo llevan los cuadernos y la cédula

Para muchos estudiantes, ver clases en el área de básico de la Universidad de Orien­te (UDO), en Barcelona, es ser presa fácil del hampa. Es en ese sector donde hay mayor riesgo, sobre todo en las primeras ho­ras de la mañana y después de las 5 de la tarde, cuando luce desolado.

Bachilleres y profesores deben ingeniárselas para que no los roben. Ven materias con temor y se encierran en las aulas para evitar ser víctimas de los delincuentes.

En una visita realizada a la “Casa más alta” los entrevista­dos coincidieron en que para asistir a clases dejan sus objetos de valor en casa y sólo llevan lo necesario.

Andrea Gutiérrez, estudiante de Administración, contó que la violencia está tan desbordada que hace unos días una de sus compañeras fue golpeada y no precisamente por resistirse al robo, sino por llevar un teléfono barato o “pote”, lo que enfure­ció al choro que la atacó en un pasillo de Cursos Básicos.

NO SE SALVA NADIE

También en los cafetines de la universidad ocurren atracos. El último lo sufrió el que está en la Escuela de Ingeniería, de don­de se llevaron la rebanadora, una plancha y un microondas, entre otros utensilios de cocina.

Otro hecho delictivo recien­te, fue el robo de dos com­putadoras de las oficinas de Ciencias Morfológicas y trabajo comunitario que se encuentra en la Escuela de Medicina. Los hampones forzaron cerraduras y rompieron algunas puertas.

“Yo vengo a la universidad sólo con los cuadernos, uno que otro libro, la cédula de identidad y un poco dinero por si me toca sacar copias o pagar pasaje en horas pico, cuando no aceptan los tickets.

Aquí a la policía, ni a los vigilantes se les ve la cara después de las 3:00 pm. No hacen el recorrido y se quedan sólo en la entra­da”, expresó Carlos Velás­quez, estudiante de Ingeniería Eléctrica.

El vocero del movimiento “Udista soy”, Juan Carlos Azócar, recordó que en abril de 2014 se reunieron con el gobernador del estado, Aristó­bulo Istrúriz, los alcaldes y los directores de las policías de la zona norte de Anzoátegui para instalar mesas de seguridad, pero de eso no se vio resulta­dos, todo quedó en palabras.

 

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