Carta de un estudiante venezolano a los venezolanos

Esta es mi reflexión sobre lo que está pasando, lo escribí hace ya tres días y lo difundí por Twitter y Facebook, de forma que ya tanto Julio Jiménez (@juliococo) y Myrka Dellanos (una periodista de miami) lo han publicado en sus cuentas de twitter. Por la aceptación que ha tenido, quisiera que se empezara a difundir más en el estado Anzoátegui, pues irónicamente se ha difundido más afuera que dentro de él. Si deciden publicarla en algún sitio sería cuestión de hacerle pequeños arreglos, pues está en formato .txt y solo la copié y pegué. No está arreglada aquí.

Carta de un estudiante venezolano a los venezolanos.
Les pido a todos los que lean este escrito que tengan un poco de paciencia, pues realmente no sé por dónde empezar. Han ocurrido tantas cosas, y todas tan igualmente indignantes, que es muy fácil hablar de una dejando de lado las demás. Me dirijo no al gobierno, si no al pueblo de Venezuela.
Pues bien, la situación del país actualmente no es desconocida por nadie. Incluso el más ciego seguidor del régimen no puede decir que todo va viento en popa, que las calles están en paz, y que vivimos en una utopía. Las causas de la lucha las conocemos todos y se han repetido hasta la saciedad. Creo que sobre lo que más quiero decir a quien puedan llegar estas palabras, es sobre el miedo.
El miedo, sí, ¿qué es el miedo?
Es eso que sientes la primera vez que te planteas decirle a una chica que te gusta. Eso que sientes cuando tienes que ir al doctor. Eso que sientes cuando esperas el resultado de tus calificaciones por la reacción de tus padres… Eso que sientes cuando estás en la calle y sabes que en cualquier momento, en un robo o reclamando  tus derechos, una bala podría estar destinada para ti. Todas esas situaciones causan temor, en menor o mayor escala. El miedo es algo indescriptible, pero que sabemos que está ahí. Todos, en algún punto de nuestras vidas, experimentamos el temor. Un día alguien me preguntó: “¿No te da miedo que te pase algo, que te golpeen o te maten en una protesta?” Y yo respondí sin pensármelo dos veces “Sí, tengo miedo”. Es la respuesta que seguiré dando toda mi vida frente a algo peligroso. Creo que por mucho  que cuando en una concentración, el que tenga la voz grite enérgicamente preguntando “¿¡TENEMOS MIEDO!?” todos respondan con fervor patriota “¡NO!”, al empezar la
represión y las balas a volar, todos sentimos un miedo atroz en lo profundo de nuestras entrañas. Es normal, y no está mal tenerlo. No seríamos humanos de no tener  miedo. Es el instinto de autoconservación. Es un mecanismo de defensa que hemos desarrollado a lo largo de la historia.
El miedo no es malo. El miedo es, total y absolutamente neutral. Es un arma de doble filo. Es una fuente de sabiduría como pocas hay. Donde hay miedo, están tus debilidades, y una vez que conoces tus debilidades, puedes volverte más fuerte. Además, te proporciona una oportunidad única en la experiencia de ser humano: te da la oportunidad de ser valiente. Sin miedo no puedes ser valiente, pues la valentía no es la carencia de miedo. La valentía es, que a pesar de que el miedo estremezca tu mente, actúes sobre él y le ganes. Es una batalla tuya, contra ti mismo. Enaltecerte como uno de los héroes de la Ilíada de Homero o suprimirte hasta que seas el  equivalente mental de un ratón, depende de ti.
Por lo que mi respuesta anterior se transforma en “Sí, tengo miedo de morir. Pero tengo más miedo aún de que mi voz no sea escuchada. Tengo mucho más miedo de no poder expresar mi pensar por muy raro que sea, a la bala cobarde de quienes me juraron proteger. Tengo miedo de dormir, y despertar mañana sin un país libre. Tengo miedo,
pero le doy gracias al miedo por darme la oportunidad de ser valiente.”
Desde que empezaron los hechos violentos el 12F, y siguieron a lo largo de ya casi un mes. Aquí en Anzoátegui han ocurrido pocas sucesos comparados a otros estados. Sin embargo, en la mayor parte de las represiones por parte de Polianzoátegui y los colectivos, he estado ahí, en la calle. El mayor problema que me ha suscitado esto, es con mi familia. Creo y no sin razón, que a la mayor parte de quienes son jóvenes y viven con su familia, les pasa igual que a mí. He tenido problemas tanto con mi madre como con mi abuela. Las he escuchado repetirme incontables veces el temor que sienten por mi vida, que no quieren poner a los muertos, que no hacen nada conmigo  en un ataúd. Mi abuela hoy seis de marzo, con vistas a la represión brutal a la manifestación de ayer cinco de marzo, en el Distribuidor Fabricio Ojeda (en los que, afortunadamente, no estuve) me pidió que le bajase a la intensidad al salir a la calle, que no me quería ver muerto, que si me pasaba algo probablemente ella y mi madre morirían también,  que me quería a su lado hasta que ella ya no estuviese en este mundo, que me quería ver graduado, hecho un profesional y haciendo algo bueno con mi carrera. Me dijo que todas sus esperanzas, y las de mi mamá, estaban puestas en mí. Francamente, me partió el corazón.
Estoy seguro de que muchos han vivido episodios similares en sus familias. Las amo en la misma medida en que ellas me aman a mí, aunque a veces pueda no demostrarlo. Sin embargo, porque las amo, y porque, sin quererlo, he llegado a amar a cada persona que conozco (incluso también a las que no conozco), es por lo que salgo a la
calle. Salgo a la calle, porque tengo fé en que hay muchas cosas y gente buena en este país. Salgo a la calle por mis amigos, por mis conocidos, por cada persona que  como yo, tiene sueños pero tiene miedo de no poderlos completar por la falta de oportunidades. Salgo a la calle por mis hermanitas, por los hijos que pueda tener en el futuro y a quienes quiero dejarles un legado y un país donde puedan vivir en dignidad. Salgo a la calle porque estudio Derecho, y no puedo aspirar llamarme a mí mismo abogado en un futuro, si ahora mientras estudio la Constitución y las leyes venezolanas, éste régimen que ni siquiera sabe lo que significa ser fascista, viola y destruye los principios que en un futuro al graduarme aspiraré a proteger con todas mis fuerzas.
Así que abuela, mamá, lo siento. Sé que les duele, y sé que se enfurecen porque me aman. Sé que quieren estar orgullosas de mí al verme con título en mano. Pero en este país actualmente no podré al igual que muchos ejercer libremente mi profesión. Me aseguraré de graduarme luego de que todo esto termine para verlas felices y para ser un hombre de bien. Sin embargo, creo que son los actos los que te definen, paralelamente a los estudios. De nada sirve graduarme de abogado con la mención al mérito más alta que pueda tener, si cuando hizo falta, mi indiferencia por los acontecimientos fue determinante. ¿Qué se puede esperar de alguien así?
Ustedes no criaron ningún cobarde, alguien que puede estar sentado cómodamente en su casa mientras estudiantes como él arriesgan sus vidas en la calle. No, ustedes están criando a un abogado, y espero que algún día puedan enorgullecerse de ello. Somos los hijos de Bolívar, libertador. Las ansias de libertad, y la sangre de libertadores corre por nuestras venas. Expulsamos a un tirano hace ya más de 200 años, gracias al sacrificio de nuestros ancestros. Ahora caímos en la autocomplacencia y estamos dejando morir el legado de los que derramaron su sangre por nuestra libertad. No es cuestión de política. Ya eso quedó atrás. No siento ningún tipo de fervor hacia un líder con la intensidad que alguna vez sentí por Henrique Capriles Radonski. Odio actualmente la política, pues creo en lo que mis cortos dieciocho años me permiten, conocerla bastante bien y eso me hace odiarla. Pero como dije, no es cuestión de política, es cuestión de un pueblo humillado y ultrajado, que sale a reclamar sus derechos y en respuesta es recibido con represión. Con sangre y fuego.
Ahora me dirijo a cada venezolano que no esté participando en esta lucha: te necesitamos. Tu indiferencia y tu miedo nos condena. Sé valiente. Comerciante, médico, maestro, ingeniero, transportista, empresario, ESTUDIANTE; te necesitamos. Te necesitamos a ti con toda la buena intención, desinteresada y humanitaria que puedas tener.
¿Por qué digo esto? Porque imagino que muchas personas que hoy están indiferentes, lo están porque viven bien. Y es difícil decirle a alguien con la vida resuelta que arriesgue su vida por los demás. Pero hermano, el futuro es incierto. No sabes si mañana todo lo que tienes se te viene abajo, y aún peor con un régimen como este.
Necesitamos un poco menos de interés (en el sentido parasitario de la palabra), y más humanidad. Yo vivo bien, no me falta nada gracias al sacrificio de mi familia,  pero me duelen las injusticias en lo más profundo de mi ser. No se puede obligar a nadie a arriesgarse por los demás, pero creo, desde la libertad de mi punto de vista que ese tipo de personas, que no hacen nada si no les reporta beneficios, que no se joderían por los demás porque (dicen ellos) a la final nadie se jode por ti, es una de las mayores causas de los problemas en el país. El verdadero y único padre de la patria, Bolívar dijo en uno de sus pensamientos más ilustres “MORAL y LUCES, son nuestras primeras necesidades”, moral y luces amigos, moral y luces.
Si no estás en las calles, corre voz de las noticias, toca caceloras, invierte una pequeña parte de tu tiempo en intentar abrir los ojos de alguien más y unirlo a la causa. Necesitamos calle, la lucha es en la calle. Pero también necesitamos mucho cerebro. Nos atacan cada vez que manifestamos, dejemos de poner la otra mejilla. No llamo a la violencia, la violencia la crean ellos y nosotros estamos en nuestro justo derecho de defendernos. Ojo, hay muchas maneras de defendernos sin caer en su mismo juego. Solamente quiero decirle a todo oficialista que pueda leer esto que cuando cazas un jabalí, y lo arrinconas, el jabalí ataca. Que ni Simón Bolívar libertó el país dando besos ni Chávez vendía empanadas, y si siguen con la represión, en algún momento se les va a escapar de las manos.
Venezolanos, el mundo tiene los ojos puestos en nosotros. Somos los protagonistas de este momento histórico. Sigamos en la calle, con mucho juicio, con mucho cerebro pero también con muchas bolas. No hay cárcel ni tumba para el canto libertario. No tenemos nada que perder, pero en cambio tenemos TODO un país por ganar. ¿No vale la
pena morir por ello?
Despierta, Venezuela. Despierta, pueblo venezolano. Despierten, hijos de Bolívar.
Por los sueños de los caídos, y las esperanzas de quienes nos siguen. Por los que vienen, y los que vendrán.
Se despide, un estudiante venezolano.
Amilcar Marin, estudiante de Derecho, Univesidad Santa María, núcleo Oriente.
@ajmaarin.
6 de marzo de dos mil catorce.
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